30 enero, 2026

Murió Irene de Grecia y Dinamarca, la hermana de la reina Sofía

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Irene de Grecia y Dinamarca, hermana menor de la reina Sofía, falleció este jueves 15 de enero a los 83 años en Madrid. La Casa de S. M. el Rey comunicó oficialmente la noticia e informó que la princesa murió a las 11.40 en el Palacio de la Zarzuela. También detalló que las ceremonias de despedida se desarrollarán en España y que posteriormente el féretro será trasladado a Grecia para su entierro en el cementerio de Tatoi.

Horas después del anuncio, se confirmó la instalación de una capilla ardiente en el Palacio de la Zarzuela, de carácter privado. Este sábado, los restos mortales de la princesa serán trasladados durante unas horas a la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio, en Madrid. El funeral tendrá lugar el lunes 19 de enero en Atenas, donde finalmente será sepultada. Según trascendió, Irene de Grecia atravesaba desde hacía tiempo un grave deterioro cognitivo. En ese contexto, la reina Sofía había cancelado compromisos oficiales en los últimos días para acompañar a su hermana hasta el final, mientras que los reyes siguieron de cerca la evolución de su estado de salud.

Desde la Casa Real destacaron que Irene era una figura muy querida dentro de la familia del rey Felipe VI y recordaron su fuerte compromiso solidario. A lo largo de su vida impulsó numerosos proyectos de ayuda a los más necesitados, una faceta que marcó su perfil público lejos de los protocolos tradicionales de la realeza.

La última aparición pública de la princesa se produjo en febrero de 2025, cuando viajó a Atenas para asistir a la boda de su sobrino Nicolás de Grecia con Chrysi Vardinogianni. Hasta entonces, había sido una presencia habitual en los veranos que la Familia Real española pasaba en Palma de Mallorca, aunque en el verano de 2024 se la vio por última vez en la isla, ya en silla de ruedas.

Irene de Grecia reunía una de las genealogías más extensas de la realeza europea: nieta, hija, hermana y tía de reyes, su árbol familiar incluía soberanos de Grecia, Dinamarca, Suecia, Rusia, Noruega, Alemania e Inglaterra. Sin embargo, también fue una de las figuras más singulares del Almanaque de Gotha. Sus sobrinos, incluido el rey Felipe VI, la apodaban cariñosamente “tía Pecu” por su carácter excéntrico y su estilo de vida alejado de los lujos. No contaba con asignación oficial, no acumuló grandes bienes, no usaba joyas ni vestimenta de marcas de lujo y decidió no casarse ni tener hijos, una elección que le otorgó una libertad poco habitual en su entorno.

Nacida el 11 de mayo de 1942 en Sudáfrica, en plena Segunda Guerra Mundial, Irene llegó al mundo lejos de Grecia, mientras su familia huía del avance nazi. Hija del rey Pablo y de Federica de Hannover, pasó sus primeros años rodeada de animales junto a sus hermanos Constantino y Sofía. Tras el fin de la guerra, la familia regresó a Grecia y se instaló en Atenas, donde Irene creció entre palacios, viajes y una intensa formación cultural.

Desde joven mostró interés por la música y la arqueología. Estudió piano con reconocidas maestras y participó en investigaciones arqueológicas que dieron lugar a publicaciones académicas. Parte de su formación transcurrió en el internado de Salem, en Alemania, un centro de educación exigente que marcó su carácter disciplinado e independiente.

La vida de Irene estuvo atravesada por el exilio y los cambios políticos. Tras la muerte de su padre y el golpe militar en Grecia en 1967, volvió a abandonar su país y se instaló en Roma. Allí profundizó su formación musical y desarrolló una carrera como concertista casi profesional. Al mismo tiempo, inició un camino espiritual que la llevó a pasar largas temporadas en la India, donde practicó yoga, meditación y estudió filosofía hindú.

Ese período marcó también su compromiso con el veganismo y el animalismo. En 1986 fundó la organización Mundo en Armonía, destinada a aprovechar excedentes alimentarios y ganaderos de Europa para ayudar a comunidades vulnerables en países en desarrollo. Uno de los proyectos más emblemáticos consistió en el traslado de ganado desde Europa hacia la India, iniciativa que contó con el apoyo del entonces rey Juan Carlos I y que tuvo amplia repercusión internacional.

Tras la muerte de su madre en 1981, Irene se instaló definitivamente en Madrid y pasó a vivir en el ala derecha del Palacio de la Zarzuela, muy cerca de la reina Sofía, con quien mantuvo un vínculo estrechísimo hasta el final. Fue testigo directa de momentos clave de la historia reciente de España, como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, que vivió dentro del propio palacio.

En 2002 atravesó un cáncer de mama, del que logró recuperarse tras un tratamiento de quimioterapia. Aquella experiencia reforzó su mirada espiritual sobre la vida y la muerte, una reflexión que compartió años después en su biografía.

Irene de Grecia y Dinamarca deja una huella singular en la historia de las casas reales europeas: una princesa atípica, profundamente solidaria, espiritual y comprometida con causas humanitarias, que eligió vivir al margen de las convenciones y dedicar su vida al servicio de los demás.

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