14 abril, 2026

La NASA envió “avatares humanos” a la Luna: el experimento que podría cambiar los viajes espaciales

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Mientras los astronautas de la misión Artemis II orbitaban la Luna antes de regresar a la Tierra, un experimento científico sin precedentes también viajaba con ellos: pequeños chips transparentes cultivados con células de su propia médula ósea.

Cada uno de estos dispositivos, de tamaño similar a una memoria USB, funciona como un “avatar biológico” de los tripulantes —Victor Glover, Jeremy Hansen, Christina Koch y Reid Wiseman— y forma parte de un proyecto que busca comprender cómo el espacio profundo afecta al cuerpo humano.

El experimento, desarrollado en conjunto por la NASA y el Instituto Wyss de la Universidad de Harvard, apunta a analizar los efectos de la radiación y la microgravedad en tejidos humanos sin necesidad de experimentar directamente sobre personas.

Un paso clave para futuras misiones

El vuelo, que despegó el 1° de abril, representa un avance en el objetivo de establecer una presencia humana sostenida en la Luna. En ese contexto, el programa Avatar —sigla de Respuesta Análoga de Tejido de Astronauta Virtual— podría convertirse en una herramienta central para anticipar riesgos en la salud de los astronautas.

Los chips, capaces de replicar funciones de distintos órganos como pulmones, hígados o corazones, podrían enviarse en futuras misiones antes que los humanos, con el fin de estudiar posibles daños y desarrollar tratamientos personalizados.

Cómo funciona la tecnología

Para crear estos dispositivos, los astronautas donaron células meses antes del viaje. Luego, los científicos las cultivaron en microcanales que simulan el funcionamiento del cuerpo humano, permitiendo mantenerlas vivas durante el trayecto espacial.

Dos conjuntos idénticos fueron preparados: uno permaneció en la Tierra y el otro viajó a bordo de la nave Orión. Tras el regreso, ambos serán comparados para detectar cambios en el ADN, inflamación celular y otros indicadores biológicos.

Qué buscan los científicos

El objetivo principal es entender cómo factores como la radiación cósmica y la gravedad reducida impactan en el organismo. Estos riesgos son difíciles de replicar en la Tierra y representan uno de los mayores desafíos para la exploración espacial.

Ahora, los investigadores deberán analizar durante meses los resultados para determinar si estos “avatares” reflejan con precisión lo que ocurre en el cuerpo humano en el espacio.

Si el experimento resulta exitoso, podría marcar un antes y un después en la preparación de misiones tripuladas, al permitir “saber antes de ir”, como resumen los científicos del proyecto.

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